Estoy
cayendo, cayendo en lo más profundo, no puedo volar, no puedo
sostenerme, simplemente caigo en un vacío enorme. No veo luz, solo
oscuridad, no se cuando llegaré al final, no se cuando me golpearé
con el duro suelo, pero se que dolerá, dolerá mucho. Pierdo las
esperanzas de que alguien me sostenga la mano y me eleve hacia lo más
alto, nadie en absoluto aparece. De vez en cuando veo luces que
titilan, aparecen y desaparecen, son muchas, siento que floto, que ya
no caigo, por determinado tiempo, estoy intacta. Pero luego esas
luces desaparecen y vuelvo a caer, más rápido aún. Como si todas
esas luces se hubieran apagado, agrupado y me hubieran empujado aún
más fuerte hacia abajo.
Hasta
que caigo y ¡pam! Me rompo en mil pedazos, como un vidrio frágil,
como si todas esas fuerzas que había acumulado antes de caer, que me
hacían ser fuerte, se hubieran esfumado en la caída. Y de repente
escucho una voz, no, son muchas voces, que me preguntan por qué he
caído, por qué he pensado que alguien me sostendría, que yo era
fuerte, que por qué me rompí tanto, que me repare, que no es para
tanto, pero yo estoy ahí, mirando como mis pedazos se expanden por
el suelo, cada uno me duele más que una herida, más que una
perdida.
Intento
repararme, unir mis pedazos, pero apenas puedo moverme y cuando lo
hago me duele todo. Aparecen de nuevo aquellas luces y siento que me
mueven, que intentan arreglarme, aunque no logran mucho. Luego de
días y días, semanas y semanas, logré unir la mayoría de mí,
unir la suficiente fuerza para levantarme y volver a subir, seguir
adelante, intentando dejar todo atrás, intentando aprender de mi
caída. Las voces nunca se han ido, siempre han estado allí,
diciendo cosas, a veces decían que yo era fuerte, que lo lograría,
a veces se retractaban y me decían que me quede ahí, que no vale la
pena volver a subir. Pero las positivas, las que me decían que debía
subir e intentar quedarme arriba por más tiempo, que yo podía
lograrlo todo, eran más fuertes, algunas veces hasta gritaban. Las
luces tampoco se han ido, aparecen debes en cuando, iluminando mi
camino, hacia donde tengo que ir. Cuando empecé a subir de nuevo,
algunas voces ya no se escuchaban, eran débiles, pero otras eran
cada vez más fuertes y venían de arriba, me decían que siguiera
subiendo, que yo podía.
Y
ahora, sigo subiendo, cada vez más, porque según algunas voces,
nunca se llega hasta arriba totalmente, otras voces también me
dijeron, que no es muy bueno subir mucho, porque si vuelves a caer,
puede volver a dolor, pero además me dijeron que no hay que tener
miedo de subir, porque aunque caiga miles de veces, siempre se puede
volver arriba. Las luces siguen alumbrando caminos, caminos
diferentes, yo puedo ir por donde quiera, por donde me parezca mejor.
Y así, sigo intentando no volver a caer.
No calles nunca tus palabras gurisa ¡Son impresionantes!
ResponderEliminar