viernes, 13 de septiembre de 2013

La primer caída.

Estoy cayendo, cayendo en lo más profundo, no puedo volar, no puedo sostenerme, simplemente caigo en un vacío enorme. No veo luz, solo oscuridad, no se cuando llegaré al final, no se cuando me golpearé con el duro suelo, pero se que dolerá, dolerá mucho. Pierdo las esperanzas de que alguien me sostenga la mano y me eleve hacia lo más alto, nadie en absoluto aparece. De vez en cuando veo luces que titilan, aparecen y desaparecen, son muchas, siento que floto, que ya no caigo, por determinado tiempo, estoy intacta. Pero luego esas luces desaparecen y vuelvo a caer, más rápido aún. Como si todas esas luces se hubieran apagado, agrupado y me hubieran empujado aún más fuerte hacia abajo.
Hasta que caigo y ¡pam! Me rompo en mil pedazos, como un vidrio frágil, como si todas esas fuerzas que había acumulado antes de caer, que me hacían ser fuerte, se hubieran esfumado en la caída. Y de repente escucho una voz, no, son muchas voces, que me preguntan por qué he caído, por qué he pensado que alguien me sostendría, que yo era fuerte, que por qué me rompí tanto, que me repare, que no es para tanto, pero yo estoy ahí, mirando como mis pedazos se expanden por el suelo, cada uno me duele más que una herida, más que una perdida.
Intento repararme, unir mis pedazos, pero apenas puedo moverme y cuando lo hago me duele todo. Aparecen de nuevo aquellas luces y siento que me mueven, que intentan arreglarme, aunque no logran mucho. Luego de días y días, semanas y semanas, logré unir la mayoría de mí, unir la suficiente fuerza para levantarme y volver a subir, seguir adelante, intentando dejar todo atrás, intentando aprender de mi caída. Las voces nunca se han ido, siempre han estado allí, diciendo cosas, a veces decían que yo era fuerte, que lo lograría, a veces se retractaban y me decían que me quede ahí, que no vale la pena volver a subir. Pero las positivas, las que me decían que debía subir e intentar quedarme arriba por más tiempo, que yo podía lograrlo todo, eran más fuertes, algunas veces hasta gritaban. Las luces tampoco se han ido, aparecen debes en cuando, iluminando mi camino, hacia donde tengo que ir. Cuando empecé a subir de nuevo, algunas voces ya no se escuchaban, eran débiles, pero otras eran cada vez más fuertes y venían de arriba, me decían que siguiera subiendo, que yo podía.

Y ahora, sigo subiendo, cada vez más, porque según algunas voces, nunca se llega hasta arriba totalmente, otras voces también me dijeron, que no es muy bueno subir mucho, porque si vuelves a caer, puede volver a dolor, pero además me dijeron que no hay que tener miedo de subir, porque aunque caiga miles de veces, siempre se puede volver arriba. Las luces siguen alumbrando caminos, caminos diferentes, yo puedo ir por donde quiera, por donde me parezca mejor. Y así, sigo intentando no volver a caer.

1 comentario: