Ella
era todo para mí, era la luz de mis ojos, no había día que no
ansiara vivirlo junto a ella, viéndola sonreír, complaciendo sus
caprichos, sus celos, era tan perfecta. Nunca había visto tanta luz
en una mujer, tanto amor, ¡oh dios! Como la amo. Porque sí, aún la
amo, aunque me ha dejado en pena, llorando por su ausencia, la amo
como nunca he amado a una mujer más que a mi madre. Amo escucharla
reír, amo escucharla cantar, amo verla bailar, amo ver su pelo al
viento cuando la brisa sopla en compás de los cantos de las aves. Es
alucinante mirar sus ojos, esos ojos tan profundos y oscuros, con un
mar de misterios en su interior, ¡como no enamorarme de esa mujer!
Si cada vez que su aroma se expandía a mi alrededor, cada uno de mis
sentidos se ponía en alerta. Si cada vez que escuchaba su voz, mi
sonrisa se ampliaba oreja a oreja. No he vivido tan feliz como he
vivido cuando estaba con ella.
Pero
la he perdido, y aún no se que he echo, ¡si yo la amo y la he
valorado siempre! Que ingrato saber, que me ha dejado por otro
hombre, ¿la tratara mejor que yo? ¿complacerá sus deseos aún
mejor que yo? ¿la hará más feliz que yo cuando lo único que
trataba era llenar sus días de amor? Son cosas que me pregunto muy
frecuentemente, espero algún día saber las respuestas, para limpiar
mi conciencia o para simplemente destrozarme más.
Recuerdo
aún, aunque ya hayan pasado más de 7 meses, el día que nos
separamos, ese día, aprendí lo que era sufrir por amor. Claramente,
no era nuestra primer pelea, pero nunca me había sentido tan mal por
una separación, luego de tres años y medio de una verdadera
relación formal, no podía esperar menos. Recuerdo que llegó a
nuestra casa, un apartamento que juntos pagábamos con nuestros
sueldo, llena de decisión, firme y segura, tanto que sentí una
opresión en el pecho, sabía que algo malo sucedería.
- ¡Ey amor! ¿Qué sucede? ¿Cómo ha sido tu día? - Dije fingiendo estar despreocupado.
- Cariño, creo que deberíamos hablar. - Ella estaba seria, mi cara se transformó.
- Pues claro, ¿de qué quieres hablar?
- Mira, no quiero herirte, he pasado los mejores días de mi vida contigo, pero creo que esto llego a su final, no podemos seguir, te amo pero me voy.
Al
decir esto, nuestros ojos se llenaron de lágrimas y ella se largó
de allí. Yo me senté y no paré de llorar luego de las tres horas,
no podía creerlo, ¿cómo era posible que todo se hiciera nada en
cuestión de segundos? Pues ahí había quedado yo, destrozado, solo,
en pena. No supe más de ella hasta algunas cuantas semanas después,
la vi con él en un parque cercano al centro. Era alto, esbelto,
fortachón, no se parecía nada a mí. Y ella, ella estaba feliz,
sonriente, lo miraba a los ojos, ahí fue cuando comprendí que ella
ya no me amaba y yo seguiría amándola en silencio, pensando qué
fue aquello que nos separo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario