Allí
va aquel hombre con sus ojos tristes, su cabeza gacha, pensador, ¿en
qué pensará? ¿en su triste vida? Lo he visto pasar tres veces en
esta semana, es extraño, no lleva ninguna carga, ningún bolso,
ninguna mochila, ni siquiera un portafolio de trabajo. Parece que
estuviera de paseo, caminando sin rumbo, buscando algo en su cabeza,
quizás alguna respuesta a sus preguntas, esas que todos tenemos o
quizás una solución a sus problemas, esos que a todos nos saca el
sueño.
Cada
vez que pasa me siento en la ventana a observarlo, me genera intriga,
curiosidad, ¿cuál es su destino? ¿cuál es la razón de esa mirada
perdida en busca de algo? ¿qué es ese algo? Muchas veces me han
dicho que caminar solo es bueno para pensar, para abrir la mente a
nuevas ideas, como cuando uno se baña, algunos cantan y otros
piensan, piensan en su vida y en sus dilemas. Creo yo que es un tema
de relajación, cuando uno se relaja tiende a pensar mejor, pone la
mente en blanco y ordena sus pensamientos. Pero aquí algo era
diferente, las personas necesitan relajarse y pensar dos o tres
veces, aquel hombre pasa por aquí hace semanas, siempre con los
mismos ojos tristes, con la misma mirada perdida.
De
muchas primaveras que he vivido, ésta es hermosa, las flores brotan
como si fueran a ser cortadas para una boda, con sus colores
deslumbrantes. Está lleno de hermosas aves y mariposas, es
encantador verlas volar alrededor de la azalea que está ubicada en
el fondo de mi jardín. No hace mucho que me he mudado aquí, dejé
la casa de mis padres y ahora vivo en un adorable barrio, la gente
aquí es humilde y sencilla, los días de lluvia un puesto de comida
casera se instala en la esquina de mi cuadra y una mujer de unos
cincuenta años la vende amigablemente.
La
semana pasada, yo estaba sentada al frente de mi casa cuando aquel
hombre pasó, hubo un momento en que nuestras miradas chocaron y me
genero aún más intriga y curiosidad de la que ya tenía acumulada,
porque vi en sus ojos la falta de fe, la falta de esperanza, su
mirada perdida guardaba miedo, temor hacía algo, como si tuviera un
obstáculo que no puede derrotar, o quizás sí puede, pero no
encuentra la forma, por eso sigue pasando por aquí.
Hoy
hace ya tres días que no veo a aquel hombre de ojos tristes, ¿habrá
solucionado sus dilemas? ¿se habrá rendido? Espero que no se haya
rendido sin antes haber intentado todas las soluciones posibles,
¿cuál es el sentido de dejar de luchar sin antes ser vencido? Yo
creo que ninguno. Tengo muchas dudas sobre detenerlo para hablar y
ayudarlo, si es que puedo, porque quizás sea de mala educación para
él que yo me meta en su vida, pero realmente quiero saciar esta gran
curiosidad que ha crecido en mi.
Ya
había pasado una semana desde la última vez que vi a aquel hombre
cuando pasó de nuevo por mi casa, pero ésta vez todo había
cambiado, él ya no tenía ojos tristes, ni mirada perdida, al
contrario, tenía una leve sonrisa en su rostro, pensé que eso era
imposible, que nunca vería algún gesto parecido en ese hombre, por
eso sonreí cuando lo vi. Salí corriendo hacia fuera, dispuesta a
hablar con él.
-¡Espere
buen hombre! - Le grité y él se dio la vuelta.
-¿En
qué puedo ayudarla? - Me dijo con una gran sonrisa, eso me dio aún
más ganas de hablar.
- Desde la primera vez que usted ha pasado por aquí, lo he visto pasar con sus ojos tristes y su mirada perdida y ha creado una gran intriga en mí, hace una semana no ha pasado y ahora que vuelve veo que esta diferente, si no le parece una falta de educación y si tiene tiempo, me gustaría saber sobre usted. - Al decir esto, sus ojos se abrieron como platos.
- Claro que tengo tiempo – Me dijo mostrándome sus blancos dientes – Este último mes le han diagnosticado cáncer de mama a mi mujer y ha estado en tratamiento, no mostraba ningún avance y no encontrábamos salida. Me gusta caminar, me ayuda a pensar, a despejar la mente y realmente estábamos devastados, no sabíamos que más hacer, me sentía totalmente acorralado, sin puertas que se pudieran abrir para ella, tenía miedo, mucho miedo de perderla.
- ¿Y qué pasó? - Le dije totalmente interesada.
- Ella se recuperó y logró combatir el cáncer. - Fue la mejor noticia que me podía haber dado, pero me surgió una duda.
- ¿Y por qué ha pasado hoy por aquí?
- Quería demostrarle que nunca hay que dejar de luchar sin antes ser vencido, porque uno nunca sabe cuantas oportunidades tiene aún para vencer.
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