Hoy creo en la sinceridad de
tus ojos, del poco brillo que he visto en ellos, que nunca me ha
dejado de cautivar.
Todo empezó cuando te vi por primera vez, te creí uno mas del montón, irrelevante, común, inocuo, pero me equivoqué.
Eres inadecuado, indispensable, nocivo. He perdido la cuenta de los días en los que has hecho y desecho mi cabeza una y otra vez, dejándome desequilibrada en un estado de confusión exhaustiva.
Nunca he tocado tu piel, nunca he sentido el grave contacto entre nosotros, nunca pudimos saciar nuestra sed de estar juntos, de tenernos, de sentirnos seguros uno junto al otro, y aun así, seguimos en la larga espera del agotamiento mental y sentimental en el que estamos participando.
“El destino insiste en tenerte cerca”, pues no creo poder entender por qué después de cada dilema, desilusión y amargura, sigamos intentando aun una forma de llegar a ser.
Quizás eres ese preciado sueño que nunca supe que tenía, y por eso te lucho y anhelo tanto.
Quizás eres eso que tanto uno quiere que se vuelve parte de sí mismo y hace imposible separarse de él, dejarlo ir, perderlo, tenerlo lejos.
Y quizás eres muchas cosas más, que nunca lograré juntar ni decidir simplemente una, porque para mí no eres nada más que un enigma, un deseo, una estrella, un amor, una inspiración, algo que amo tanto que me reduce al ser más vulnerable del planeta y me hace escribirte cada tanto, algo que no puedo dejar, algo así como la droga.
Sería fácil compararte con la droga, me haces entrar en éxtasis, mantenerme feliz, enloquecer, perder los estribos, me haces mal, y lo sé, pero aun así no puedo dejarte, no puedo imaginarme un día sin que al menos un segundo de los ochenta y seis mil cuatrocientos que contiene no piense en ti.
Dicen que lo último que se pierde es la esperanza, pero creo que en realidad es el dolor, porque luego de que se perdió la esperanza, el dolor sigue ahí, el dolor de haber perdido la esperanza.
Por eso simplemente no quiero dejar de tener esperanzas de que en algún momento llegaré a ti, y no solo eso, sera tan glorioso que no tendré que sentir dolor por mucho tiempo, porque al menos si no lo hago, tendré la esperanza y el dolor, quizás el amor, ya que ese a veces dura para siempre.
Así que seguiré aquí, intentando no sentir mucho más que lo común, que todavía no tengo ni la más mínima idea de qué es, solo sé que es mucho.
Todo empezó cuando te vi por primera vez, te creí uno mas del montón, irrelevante, común, inocuo, pero me equivoqué.
Eres inadecuado, indispensable, nocivo. He perdido la cuenta de los días en los que has hecho y desecho mi cabeza una y otra vez, dejándome desequilibrada en un estado de confusión exhaustiva.
Nunca he tocado tu piel, nunca he sentido el grave contacto entre nosotros, nunca pudimos saciar nuestra sed de estar juntos, de tenernos, de sentirnos seguros uno junto al otro, y aun así, seguimos en la larga espera del agotamiento mental y sentimental en el que estamos participando.
“El destino insiste en tenerte cerca”, pues no creo poder entender por qué después de cada dilema, desilusión y amargura, sigamos intentando aun una forma de llegar a ser.
Quizás eres ese preciado sueño que nunca supe que tenía, y por eso te lucho y anhelo tanto.
Quizás eres eso que tanto uno quiere que se vuelve parte de sí mismo y hace imposible separarse de él, dejarlo ir, perderlo, tenerlo lejos.
Y quizás eres muchas cosas más, que nunca lograré juntar ni decidir simplemente una, porque para mí no eres nada más que un enigma, un deseo, una estrella, un amor, una inspiración, algo que amo tanto que me reduce al ser más vulnerable del planeta y me hace escribirte cada tanto, algo que no puedo dejar, algo así como la droga.
Sería fácil compararte con la droga, me haces entrar en éxtasis, mantenerme feliz, enloquecer, perder los estribos, me haces mal, y lo sé, pero aun así no puedo dejarte, no puedo imaginarme un día sin que al menos un segundo de los ochenta y seis mil cuatrocientos que contiene no piense en ti.
Dicen que lo último que se pierde es la esperanza, pero creo que en realidad es el dolor, porque luego de que se perdió la esperanza, el dolor sigue ahí, el dolor de haber perdido la esperanza.
Por eso simplemente no quiero dejar de tener esperanzas de que en algún momento llegaré a ti, y no solo eso, sera tan glorioso que no tendré que sentir dolor por mucho tiempo, porque al menos si no lo hago, tendré la esperanza y el dolor, quizás el amor, ya que ese a veces dura para siempre.
Así que seguiré aquí, intentando no sentir mucho más que lo común, que todavía no tengo ni la más mínima idea de qué es, solo sé que es mucho.