Buscando salidas, encontré una entrada, me dio curiosidad, y entré. Me encontré en una habitación vacía. Y me gusto. Comencé a caminar en ella, a cerrar los ojos, a respirar profundo. Mi imaginación, flotó. Mi alma, se encontró. Y cuando abrí los ojos, me di con muchas cosas que antes no estaban allí. Habían sonrisas. Música. Plumas. Y en vez de preguntarme, comencé a girar, a sonreír, a reír, a volar. Me di cuenta entonces, que algo había cambiado. Se sentía bien. Pero no había nadie para compartirlo, nadie para volar juntos, nadie para sonreír. Estaba sola. Entonces dejé de volar, caí al suelo. Y todo desapareció. Ya nada se encontraba dentro de esa habitación, solo yo. Y comenzaron los recuerdos. Recordé como era ser feliz junto a alguien, como sonreír por alguien. Recordé muy bien, que estaba sola. Y no quería estarlo. Entonces, me recosté en el suelo, y te inventé. Pensé tanto en ti que de repente, estabas junto a mí, y eras exactamente lo que quería, y ya no estaba sola. Ahora que estabas ahí, la música comenzó a sonar. Escuché risas que provenían de algún lado. Me sentí flotar de nuevo, junto a ti. Y ahí comprendí, que nunca estoy sola, porque ese que inventé, en realidad, era yo misma.
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