El
miedo se ha llevado miles de oportunidades en mi vida, y seguramente
se llevará miles más, oportunidades buenas y malas, algunas que
nunca sabré como eran en realidad, pero oportunidades en fin. Miedo
a qué sería la gran pregunta en mi cuestionamiento. ¿Miedo al
rechazo? ¿Al fracaso? ¿A no obtener lo que quiero? ¿A qué? No
logro encontrar la respuesta. Quizás, en alguna parte de mi cabeza,
tengo miedo a derrapar, a transformar esa oportunidad en la última,
en fracasar, en sufrir. Las oportunidades, supuestamente, según la
sociedad, solo aparecen una sola vez, pero yo no creo en ello. La
oportunidad del amor aparece muchas veces en nuestra vida, muchísimas
creo yo. Puede que no el gran amor de nuestras vidas pero amor en
fin. Y sí hay segundas oportunidades, o muchas más. A no confundir,
no todas tienen una segunda aparición, ahí es cuando hay que ver si
realmente vale la pena desperdiciarla y esperar a que vuelva a
aparecer. Por eso es tan difícil tomar una decisión cuando nos
muestran una oportunidad. Aparece el miedo, las ideologías, la
cobardía, la valentía, el sí y el no. Entonces, tienes la elección
de elegir, y ahí entra la confusión, debido a todo lo anterior. Y
estas decisiones aparecen diariamente en nuestras vidas, pequeñas o
grandes, jamás se ven venir previamente. Simplemente aparecen,
asustándonos, alegrándonos, pueden hacer lo que sea. Uno piensa
entonces qué debe hacer, qué quiere hacer, qué puede hacer.
Aparecen los “no se”. Todo se torna borroso. Cuando son
oportunidades grandes que esperábamos hace mucho, es importante. La
primera siempre es la más ilusionadora, La tomamos, sin tener en
cuenta ningún no, ningún cuestionamiento. Luego nos damos cuenta
que no fue la mejor decisión y aparece la segunda. Y esa sí da
miedo, asusta. Te recuerda a la primera. Ahí sí conoces la
existencia del fracaso, del dolor que te puede causar que no sea la
mejor decisión. Dudas, muchas dudas. Muchos dicen que hay que luchar
por lo que uno quiere, que cada oportunidad es única, que las cosas
no caen de arriba. Pero aún así, no luchamos, no aprovechamos las
oportunidades, esperamos que las cosas buenas nos vengan de arriba.
Por miedo. Por comodidad. Lo cierto que es así como son las cosas, y
cuando uno se da cuenta, cambia y lo logra, vence el miedo, avanza.
Se encuentra allí con esa gran oportunidad y la toma. Y jamás se
arrepiente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario