Recuerdo bien aquella noche,
te miré a los ojos y te dije cuanto te quería, mientras miles de
estrellas eran testigo. Que tonto pensar que esa fue la primera vez
que me sentía feliz, observando tus ojos color miel, sintiendo cada
trozo de tu piel, escuchando cada melodía en tus palabras. Imaginé
en ese momento, que todos eran felices tanto como yo, marginando cada
uno de sus problemas, dulzura inmediata. Deseo con ansias volver a
sentirme feliz, ¿no volverás acaso? ¿me dejarás perdida en tus
ojos miel? No lo hagas, vuelve, quédate conmigo, haciéndome feliz.
Feliz, ¿por qué es tan difícil sentirse feliz? Deberíamos poder
hacerlo a cada minuto del día, pero en cambio, lo hacemos a veces,
ironía. Pues esa noche, yo desee ser feliz por siempre, en cada gota
de lluvia, en cada lágrima, en cada sonrisa, en cada taza de café,
yo quiero ser feliz. Feliz como los niños, feliz como los recién
casados, feliz como las mascotas cuando son amadas, feliz de verdad.
Y si no puedo ser feliz junto a ti, lo seré junto a mí, porque no
quiero depender de nadie para ser feliz, solo quiero serlo. Imagina
qué tan feliz puedes ser, junto a alguien, junto a algo, haciendo lo
que te gusta, eso que te apasiona, imagina, simplemente, ser feliz,
ahora, ¿qué te impide serlo? ¿tan grande es eso para no ser feliz?
Entonces derríbalo, lucha contra eso, haz que nada te impida ser
feliz. Recuerda que muchas veces, para ser feliz, solamente hay que
vivir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario