Necesito fuerzas para salir a combatir dragones que
secuestran princesas, príncipes que roban guerreras, todo un pueblo acribillado
por la violencia mientras vos paseas por la ciudad con una mezcla de acierto y
verdad, con mi corazón en mano, atado a cada lado. Nada impide las mil
soledades de la corporalidad humana, intangible a los ojos de ciertos
cristianos, aguardados por la gracia de un señor que creen proteger, porque a
ellas no las protege nadie. Buscando quizás una forma de huir a tanta libertad, se encuentran enfrentadas la cruda realidad de una muerte inesperada y millones
de años de banalidad, con la utópica idea de un mundo azulado y tutelado por la
moral, añoranza de tiempos pasados y ninguna precaución por un futuro incierto
que está a punto de llegar. ¿Quién nos protege a los amantes y amados, del odio incandescente
de cientos rioplatenses en busca de algo que odiar? Somos simples soldados de
una guerra mucho más grande que nunca podremos visualizar ¿es acaso a lo lejos
una idea demasiado disparatada pensar que mucho más allá de nuestro campo cognoscente
podemos ser parte de algo macroscópico ni siquiera factible para nuestros ojos?
La locura plasmada no es ni un poco en tono de broma, pero ¿qué es locura
y qué es cordura? Si muchos discursos que se clasifican como cuerdos tienen
altos grados de locura tan detectable y alarmante que muestran daño cerebral.
Lo que está impuesto nos desafía a buscarle nuevos sentidos a todo aquello que
convive en nuestro vocabulario, cada beso es una revolución cuando lo que se
busca es la represión.
No hay comentarios:
Publicar un comentario