martes, 15 de mayo de 2018

Locura y cordura


Necesito fuerzas para salir a combatir dragones que secuestran princesas, príncipes que roban guerreras, todo un pueblo acribillado por la violencia mientras vos paseas por la ciudad con una mezcla de acierto y verdad, con mi corazón en mano, atado a cada lado. Nada impide las mil soledades de la corporalidad humana, intangible a los ojos de ciertos cristianos, aguardados por la gracia de un señor que creen proteger, porque a ellas no las protege nadie. Buscando quizás una forma de huir a tanta libertad, se encuentran enfrentadas la cruda realidad de una muerte inesperada y millones de años de banalidad, con la utópica idea de un mundo azulado y tutelado por la moral, añoranza de tiempos pasados y ninguna precaución por un futuro incierto que está a punto de llegar. ¿Quién nos protege a los amantes y amados, del odio incandescente de cientos rioplatenses en busca de algo que odiar? Somos simples soldados de una guerra mucho más grande que nunca podremos visualizar ¿es acaso a lo lejos una idea demasiado disparatada pensar que mucho más allá de nuestro campo cognoscente podemos ser parte de algo macroscópico ni siquiera factible para nuestros ojos? La locura plasmada no es ni un poco en tono de broma, pero ¿qué es locura y qué es cordura? Si muchos discursos que se clasifican como cuerdos tienen altos grados de locura tan detectable y alarmante que muestran daño cerebral. Lo que está impuesto nos desafía a buscarle nuevos sentidos a todo aquello que convive en nuestro vocabulario, cada beso es una revolución cuando lo que se busca es la represión.

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