Creer en la palabra del otro como un ser merecedor de
credibilidad, que pasa por las mismas sensaciones y vivencias que vos, o
simplemente ser un ser poco empático que prefiere buscar en el abusador una
pequeña señal de vida, repudiando todo lo que se meta con él solo por el hecho
de creerse cercano a un ser totalmente aislado del cuerpo femenino, dándole autoridad
para seguir actuando de una manera desagradable ante el desprecio que le tiene
a todo lo que signifique femineidad. Porque allí se encuentra el conflicto con
estos (no)seres, una mezcla de poder y desprecio, considerar un objeto a un
sujeto que es simplemente un producto para mi placer y regocijo, que puedo
maltratar y ultrajar a mi fuerza y verdad porque poco importa su sentir, poco
importa en sí lo que sea que emane de ese objeto que me gusta. Aun así otros se
jactan de apoyarlo y acudir a la indiferencia, despreciar cruelmente
experiencias reales que sucedieron año tras año hasta el día de hoy, dándole de
mala gana un voto a favor al abuso y al poder injustificado y nada merecido que
muchos jerarcas tienen por el simple hecho de que nadie alce la voz en nombre
de los menos favorecidos, que por alguna extraña razón y para nada fortuna de
aquellos poderosos, somos la mayoría en este planeta lleno de veneno y
porquería. Pero eso llegó hasta acá, nunca más nos vamos a callar, no nos van a
tapar la boca, no van a ocultar nuestras palabras, mucho menos nuestros gritos,
no vamos a permitir que nos pisoteen nunca más, ni que nos acosen y sigan
subiendo escalones, cuando esos escalones somos nosotras, son nuestros cuerpos,
nuestras fuerzas, nuestras ganas de luchar, ahora nos vamos a levantar y firmes
nos vamos a quedar. No nos callamos más.
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