sábado, 21 de enero de 2017

Agua

Todas las palabras son sobre vos, hasta el repique del tambor, todo lo nuevo, todo lo viejo, todo vos. Lo poco que el mar se mueve si nadie lo toca, si nadie se hunde, si nadie navega en él. Si los barcos se quedan inmóviles en las orillas, esperando que el mar renazca y baile en sus pies, pasaran años frente a sus ojos. Lo poco que vivo y lo mucho que siento, a tu lado un mar de lamentos, lamentos de que la vida sea tan corta y mi amor tan grande. Grande e impenetrable, ni por el más grosero de los gladiadores del odio y la soledad, ni por la larga distancia del corazón, mucho menos por mí o por vos. Buscando en las aguas más profundas, una piedra en forma de amor, ¿qué forma tiene el amor? Algo parecido a vos y yo. Si me vieras aquí hipnotizada ante tus encantos, hechizero de aprendiz, no se qué hiciste o a quién perdiste, dónde quedó tu maldad o la pura bondad. Todas las palabras, todos los colores, todos los sonidos de las canciones. Te encuentro en todo lo que tiene vida y la vida me busca a tu lado. Que loco el destino que escribe obsesionado sobre el mundo y los huracanes, que loco que estás, vos allá y yo acá. Pasa la vida y yo le sigo escribiendo a la más triste de las sensaciones, al más puro de los sentimientos y al más loco de los terrores. Le escribo al que siempre me escribe y nunca sabe que dice, porque me dice tanto que a la noche solo escucho palabras, de amor, de pasión, de locura, que perpetúan en mi mar, en mi más grande océano, en esta cabecita que no tiene paz. Hay una sola forma de rematar y es diciendo que todos los días del mundo existe una forma de resucitar, pero hoy más.

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