El
miedo se ha llevado miles de oportunidades en mi vida, y seguramente
se llevará miles más, oportunidades buenas y malas, algunas que
nunca sabré como eran en realidad, pero oportunidades en fin. Miedo
a qué sería la gran pregunta en mi cuestionamiento. ¿Miedo al
rechazo? ¿Al fracaso? ¿A no obtener lo que quiero? ¿A qué? No
logro encontrar la respuesta. Quizás, en alguna parte de mi cabeza,
tengo miedo a derrapar, a transformar esa oportunidad en la última,
en fracasar, en sufrir. Las oportunidades, supuestamente, según la
sociedad, solo aparecen una sola vez, pero yo no creo en ello. La
oportunidad del amor aparece muchas veces en nuestra vida, muchísimas
creo yo. Puede que no el gran amor de nuestras vidas pero amor en
fin. Y sí hay segundas oportunidades, o muchas más. A no confundir,
no todas tienen una segunda aparición, ahí es cuando hay que ver si
realmente vale la pena desperdiciarla y esperar a que vuelva a
aparecer. Por eso es tan difícil tomar una decisión cuando nos
muestran una oportunidad. Aparece el miedo, las ideologías, la
cobardía, la valentía, el sí y el no. Entonces, tienes la elección
de elegir, y ahí entra la confusión, debido a todo lo anterior. Y
estas decisiones aparecen diariamente en nuestras vidas, pequeñas o
grandes, jamás se ven venir previamente. Simplemente aparecen,
asustándonos, alegrándonos, pueden hacer lo que sea. Uno piensa
entonces qué debe hacer, qué quiere hacer, qué puede hacer.
Aparecen los “no se”. Todo se torna borroso. Cuando son
oportunidades grandes que esperábamos hace mucho, es importante. La
primera siempre es la más ilusionadora, La tomamos, sin tener en
cuenta ningún no, ningún cuestionamiento. Luego nos damos cuenta
que no fue la mejor decisión y aparece la segunda. Y esa sí da
miedo, asusta. Te recuerda a la primera. Ahí sí conoces la
existencia del fracaso, del dolor que te puede causar que no sea la
mejor decisión. Dudas, muchas dudas. Muchos dicen que hay que luchar
por lo que uno quiere, que cada oportunidad es única, que las cosas
no caen de arriba. Pero aún así, no luchamos, no aprovechamos las
oportunidades, esperamos que las cosas buenas nos vengan de arriba.
Por miedo. Por comodidad. Lo cierto que es así como son las cosas, y
cuando uno se da cuenta, cambia y lo logra, vence el miedo, avanza.
Se encuentra allí con esa gran oportunidad y la toma. Y jamás se
arrepiente.
lunes, 23 de junio de 2014
viernes, 6 de junio de 2014
¿Soledad o una simple ilusión?
Buscando salidas, encontré una entrada, me dio curiosidad, y entré. Me encontré en una habitación vacía. Y me gusto. Comencé a caminar en ella, a cerrar los ojos, a respirar profundo. Mi imaginación, flotó. Mi alma, se encontró. Y cuando abrí los ojos, me di con muchas cosas que antes no estaban allí. Habían sonrisas. Música. Plumas. Y en vez de preguntarme, comencé a girar, a sonreír, a reír, a volar. Me di cuenta entonces, que algo había cambiado. Se sentía bien. Pero no había nadie para compartirlo, nadie para volar juntos, nadie para sonreír. Estaba sola. Entonces dejé de volar, caí al suelo. Y todo desapareció. Ya nada se encontraba dentro de esa habitación, solo yo. Y comenzaron los recuerdos. Recordé como era ser feliz junto a alguien, como sonreír por alguien. Recordé muy bien, que estaba sola. Y no quería estarlo. Entonces, me recosté en el suelo, y te inventé. Pensé tanto en ti que de repente, estabas junto a mí, y eras exactamente lo que quería, y ya no estaba sola. Ahora que estabas ahí, la música comenzó a sonar. Escuché risas que provenían de algún lado. Me sentí flotar de nuevo, junto a ti. Y ahí comprendí, que nunca estoy sola, porque ese que inventé, en realidad, era yo misma.
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