jueves, 25 de agosto de 2022

Va y viene

En un surco en algún lugar, parte oscura, parte llena de luz, entre millones de estrellas fugaces, increíblemente distante. Que vienen y van me dicen, que vuelven, que no retornan, a varios kilómetros de distancia, una idea, una poca gracia de mi fin, a dónde llegarán los nativos, los separados, los que gritan. Varias dudas que no terminan de responderse por miles de sabios que creen tener las respuestas, solo una pregunta única para los desamparados, ¿parará alguna vez? el sentimiento de tibieza en la vida, la búsqueda infinita de algo más, todo el tiempo algo más, ¿algo más que qué? irónica risa que llena el espacio vacío de un sentimiento frío de distancia, a los que no llegan nunca nunca les llega el terror, siempre están corriendo del ayer y del hoy, la ansiedad misma en persona golpea las puertas todas las noches, hasta algunas mañanas, a atormentar a los lujuriosos que creen tenerlo todo y no tenemos mucho que digamos. Una lucha eterna de salir de un pozo que ni sabemos bien por qué estamos o qué significa, ¿quién nos trajo acá? Voy y vengo y así eternamente, sesiones de terapia entre medio intentando trazar una idea que mucho no dice porque mucho no se que quiero decir. Busca y busca algo que claramente no necesito porque me gusta tentar al diablo idealizando escenarios que no me sucederán ni viviendo en la mejor novela romántica, pero de alguna forma queriendo lograr que algo me suceda, ¿algo más? Acumuladora de experiencias, sedienta de aquello que no llego a saber bien qué es ni por qué lo quiero. Hoy una cosa, mañana otra, porque ansiosa ni siquiera para tener claro cuál es el objetivo de todo este texto interminable que en mi cabeza se repite y se repite, que podría estar escribiendo y escribiendo porque no paro de pensar, ni un segundo ni aunque quiera no puedo parar, por eso me cuesta dormir, trabajar, estudiar, concentrarme, porque no paro de pensar y ni siquiera se en qué. Pero de alguna forma encuentro las respuestas por momentos que son tan claras como el agua, que me conectan con las mil lunas que me acompañan, que me dejan perpleja de tanta abundancia y calma, alejando ese pozo incrédulo en el que creo estar y es allí donde me desconecto de lo que creo padecer y buscar, de lo que creo añorar todo el tiempo, para volver como una montaña rusa nuevamente a los desiertos de mí misma, nuevamente al círculo vicioso interminable de mi mente, que no me deja porque no quiere, que no me deja porque la melancolía sabe tan dulce que atormenta con ideas borrosas de lo que no fue y yo creo que fue, que me mienten para oscurecer nuevamente una realidad incolora e inestable, que va y viene, todo el tiempo. 

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