lunes, 20 de enero de 2020
Le escribo a ella
No le quería escribir a más nadie, así que comenzó a escribirle a ella, a pesar de que sus ideas estaban confusas y que hacia mucho tiempo no lo hacía. Comenzó borroneando perdones y olvidos, pasó por dibujar todas las emociones, se encontró con la misma pared de siempre y al final le regaló un adiós. Un adiós acompañado por un bienvenida de nuevo, empecemos de cero. Siempre llegan piedras caídas de cielos invisibles que invitan a quedarse en el suelo un rato, quizás un poco largo, bien agarrada de la piedra que te va a trabar todo lo que venga después. Todo depende de quien te de la mano en ese momento, porque la fuerza sale de ahí, de quien te recarga, de quien te impulsa y de quien es feliz por vos, cuando vos no podes hacerlo. Fue entonces cuando le escribió que ya no quería verla triste, que le gustaría verla libre y contenta, que tiene todas para ganar menos su propia voluntad. Siempre le dijeron todo lo que podía lograr y hasta que no lo tuvo no lo creyó. Siempre le dijeron todo lo que merecía y que todo el amor que daba se le devolvería de la misma forma, pero hasta que no lo tuvo no lo creyó. En los mares que a ella le gustan, bailan olas que traen cambios y aires nuevos, transforman el aroma del que deja y del que llega, barre todo lo que debe hundirse y trae todo lo nuevo. Como quien nace en el agua, está acostumbrada a sus cambios, a su fluidez, a su pureza y cuando navega es lo mínimo que espera, conoce sus trucos, pero aún así, el océano suele sorprenderla. A la noche se esconde bajo su cama, esperando que pasen las horas, buscando una salida a lo que no la deja dormir, hasta que el aire la acurruca y la invita a soñar que simplemente quizás mañana será otro día, donde no hayan pesadillas ni monstruos escondidos, donde el abrazo es cálido y refresca el alma, donde todo el amor que querías te estaba esperando. Solloza y sonríe, por un nuevo amanecer, por las brisas que se acercan, por el beso detrás de la oreja, agradece volver a despertar y brinda por ella misma. Le escribo a ella, que soy yo, quien era antes y seré mañana, que te cuido y te abrazo, te sostengo y te mimo, porque todo lo que somos sigue siendo amor.
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