viernes, 31 de enero de 2020
Un poco gusta
Un poco me gusta tener miedo de que me lastimen, de no saber qué va a pasar, no poder leerle la mente, ni conocer sus movimientos, me gustaría saber leer entre líneas o entender señales, aunque eso contradiga la divertida idea de jugar con el destino y con lo que no sabemos, porque un poco me gusta dejarme llevar, sentirme valiente, prefiero perder arriesgándome que perder sin intentarlo. No entiendo esa manía de infantilizar el enamoramiento, como si enamorarse por primera vez fuera distinto a la décima vez, como si fuera algo que solo los adolescentes experimentan, tenemos tan arraigada la idea de que solo existe un solo amor de nuestras vidas, esa idea romántica de que estamos unidos a solo una persona en toda nuestra existencia, que no entendemos cómo el amor llega en distintas formas, en distintas etapas, años, edades, maneras. Puedo amarte mientras amo a muchas personas a la vez, es básicamente lo que venimos haciendo hace miles de años, porque sería un desperdicio elegir limitar tu amor, tu cariño, todo lo que das, pudiendo dárselo a muchas personas. Creo no existe mejor forma de multiplicar el amor ¿no es eso lo que todos deseamos para el mundo, para nosotros y para los que nos rodean? ¿qué sentido tiene acaso amar? Es esa vulnerabilidad en los vínculos, lo que lo hace tan humano, tan imperfecto, el relacionarse es toda una aventura hacia lo desconocido, por más que vengamos haciéndolo desde el día que nacimos, siempre nos encontramos con un gran desafío al momento de crear un vínculo sano con alguien completamente nuevo o en un momento diferente, sabemos entonces que la guerra entre la razón y el sentir se vuelve una tormenta en nuestro ser para decidir qué está bien, qué realmente debemos hacer y qué nos dice nuestro corazón, sin dudas una de las encrucijadas más grandes que afrontamos en el paso del tiempo, quizás todos los días. Un poco nos gusta la adrenalina de saber que nos quieren pero no lo han dicho aún, de saber que los ojos no mienten y algo te muestran, pero mucho no te dejan ver, nos gusta ese baile lento pero fugaz, donde creemos sentir aroma a flores mientras el viento nos acaricia el rostro, que por alguna razón nos hace sentir arropados, queridos, deseados. Un poco nos gusta el amor.
lunes, 20 de enero de 2020
Le escribo a ella
No le quería escribir a más nadie, así que comenzó a escribirle a ella, a pesar de que sus ideas estaban confusas y que hacia mucho tiempo no lo hacía. Comenzó borroneando perdones y olvidos, pasó por dibujar todas las emociones, se encontró con la misma pared de siempre y al final le regaló un adiós. Un adiós acompañado por un bienvenida de nuevo, empecemos de cero. Siempre llegan piedras caídas de cielos invisibles que invitan a quedarse en el suelo un rato, quizás un poco largo, bien agarrada de la piedra que te va a trabar todo lo que venga después. Todo depende de quien te de la mano en ese momento, porque la fuerza sale de ahí, de quien te recarga, de quien te impulsa y de quien es feliz por vos, cuando vos no podes hacerlo. Fue entonces cuando le escribió que ya no quería verla triste, que le gustaría verla libre y contenta, que tiene todas para ganar menos su propia voluntad. Siempre le dijeron todo lo que podía lograr y hasta que no lo tuvo no lo creyó. Siempre le dijeron todo lo que merecía y que todo el amor que daba se le devolvería de la misma forma, pero hasta que no lo tuvo no lo creyó. En los mares que a ella le gustan, bailan olas que traen cambios y aires nuevos, transforman el aroma del que deja y del que llega, barre todo lo que debe hundirse y trae todo lo nuevo. Como quien nace en el agua, está acostumbrada a sus cambios, a su fluidez, a su pureza y cuando navega es lo mínimo que espera, conoce sus trucos, pero aún así, el océano suele sorprenderla. A la noche se esconde bajo su cama, esperando que pasen las horas, buscando una salida a lo que no la deja dormir, hasta que el aire la acurruca y la invita a soñar que simplemente quizás mañana será otro día, donde no hayan pesadillas ni monstruos escondidos, donde el abrazo es cálido y refresca el alma, donde todo el amor que querías te estaba esperando. Solloza y sonríe, por un nuevo amanecer, por las brisas que se acercan, por el beso detrás de la oreja, agradece volver a despertar y brinda por ella misma. Le escribo a ella, que soy yo, quien era antes y seré mañana, que te cuido y te abrazo, te sostengo y te mimo, porque todo lo que somos sigue siendo amor.
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