domingo, 13 de diciembre de 2020

Espero

Espero que estes bien, donde sea que estes. 

Espero mires las nubes, el cielo, que en la noche observes la luna. 

Espero que duermas bien y no sueñes con tormentas. 

Espero tu insomnio sea ameno y no te quite horas de sueño. 

Espero viajes mucho y te encuentres en cada parada. 

Espero te quieran y quieras mucho, te abracen y abraces mucho. 

Espero no me extrañes ni pienses en mí. 

También espero que sí. 

Espero que tu vida tenga abundancia y seas feliz al despertar. 

Espero nadie arruine tus mañanas ni tus mediodías. 

Espero todavía te guste volar y observar todo de arriba. 

Espero volverte a ver, volver a escuchar tus melodías. 

Espero estes bien, donde quiera que estes. 

viernes, 10 de julio de 2020

Lunas

Hay lunas que rodean campos, donde las estrellas iluminan más que un foco en plena calle, campos donde el silencio abunda, el viento reproduce lo que el árbol sueña y la fauna duerme atenta en la noche. Algo igual sucede cuando duermes junto a mí, una especie de sinfonía entre espectros de otros universos se produce mientras acaricias mi pelo, los colores se sumergen entre las fibras de luz que irradian de tu ser y las energías se alinean para verte brillar. Todo lo que pedí, manifestándose en ti, dándole sentido a las noches en velo y a todos los caminos erróneos que hemos caminado. Un sin fin de bailes que sueñan los afortunados, sienten regocijo y ayudan a sus hermanos, se arrodillan ante los astros y piden una vez más ser bendecidos por amores como el nuestro, por dar mas de lo que se recibe y soñar siempre con campos de lirios. Para pedir, siempre agradecer, lo que ha venido y lo que esta por venir, lo que las lunas nos dan en la noche y las estrellas nos dan por el día, agradezco por ti y toda tu valentía.

domingo, 5 de abril de 2020

Amor en tiempos de pandemia


Más que cualquier otra cosa el aroma de tenerte cerca ha hecho mis mañanas de un color esperanzador parecido al rosáceo del alba, bajo un tacto suave que invita a acurrucarse, se abren los ojos de un amor abrazador, a pesar de que el mundo afuera un poco se desmorone, logramos encontrar armonía vestida de caricias. Un mundo cayendo en picada atravesado por plagas y crisis, algo que venía sucediendo mucho antes de que alguno pudiera notarlo, un inevitable golpe quizás demasiado sincronizado para ser sin querer, pero más allá de las locas teorías que podamos sacar, hay algo claro y es que somos parte una vez más de historias que se repiten y nos piden ya no amablemente que empecemos a aprender algo. Una crisis que nos pone de rodillas y nos suplica que conozcamos la empatía, que nuestro poder es nulo cuando es individual y siempre nos hemos potenciado cuando trabajamos como pueblo. Sin romantizar que nos debemos la mano, todo esto nos invita a mirar hacia adentro. Nos encuentra juntos, a pesar de tanta gente separada, lo cual muestra que nuestras suertes están entrelazadas, una mezcla de magia y universo, sin caer en el cliché del destino, simplemente coincidir, pero más allá de eso ser capaces de elegirnos y saber que elegimos bien, apostar y saber que apostamos bien, un ejercicio de todas las mañanas, al despertar, respirar, verte y saber que sí, de todas las noches también, antes de dormir, cuando hay paz en el corazón, de cada comida que se hace con amor, entre los dos. Puedo ser un poco física pero siempre me parece que el amor se siente en el cuerpo, esa presión en el pecho, el magnetismo que me lleva a vos, la calma del abrazo, el suspiro luego del beso, todo lo que nos pasa en el cuerpo cuando nos sentimos. En este momento donde nos vemos obligados a aislarnos socialmente para sobrellevar esta situación, donde extrañamos nuestros vínculos, hasta el más fino, el que menos cuidado le damos, es un alivio tenerte cerca, despertar con vos y darte la mano al dormir.

domingo, 15 de marzo de 2020

El tiempo

Quizás nuestro problema con la temporalidad es esa antigua creencia de que la vida es eterna, que los procesos son largos y que para todos dura lo mismo, que nuestro sentir es proporcional al tiempo y que con él crece, cuando lo que crece es la rutina y la confirmación de que eso que sentimos no es efímero. Tomamos con pinzas aquello que surge de la nada y confiamos plenamente en algo que lleva tiempo gestándose, ¿quién nos asegura que algo es seguro solo porque prevalece en el tiempo? Le tememos a la espontaneidad porque nos asusta tirarnos al agua sin previa evaluación de su estado, de su seguridad y profundidad. Cuántos matrimonios de años y años han terminado evaporándose, cuántas carreras se terminan antes y cuántas vidas comienzan luego de mucho tiempo. Somos estrellas fugaces en un línea temporal que no se sabe dónde comienza ni dónde llegar a terminar, aún así nos creemos con la potestad de tomarnos las cosas con calma y decir que hay tiempos para cada cosa, qué es el tiempo más que una creación nuestra para posponer cosas, para posponer la vida misma, por qué castigamos al espontaneo, al impulsivo, al ansioso, cuando lo único que quiere es vivir el hoy, vivir lo que quiere y cuando uno mismo lo quiere. El sistema nos impuso lapsus de tiempo para todo, para comer, para dormir, para ir a trabajar, para crecer en una empresa, para elegir una carrera, para terminarla, para comenzar a ser un adulto, para independizarte, para enamorarte, para ser pareja, para casarte, para tener hijos, para no tenerlos. Quizás nuestro problema es que no existe tal problema, que los procesos son distintos para cada uno, que no debo esperar para hacer lo que quiero, más allá del sistema burocrático que limita nuestra rutina, aquello que no lo toca, como el amor y nuestra felicidad, es mucho más que segundos, minutos u horas, es mucho más que cuántos días o cuántos meses, es tan simple como el ahora, como lo que existe y lo que siento en este momento. Tanto nos cuesta separarnos de las ataduras del tiempo que no podemos separarnos del pasado ni soltar nuestras expectativas del futuro, se nos dificulta desligarnos de que todo tiene su tiempo y que así debe seguirse. Hoy quiero ser hoy, en este momento, sin lo que debo ser o lo que debo hacer, solo quiero ser.

viernes, 31 de enero de 2020

Un poco gusta

Un poco me gusta tener miedo de que me lastimen, de no saber qué va a pasar, no poder leerle la mente, ni conocer sus movimientos, me gustaría saber leer entre líneas o entender señales, aunque eso contradiga la divertida idea de jugar con el destino y con lo que no sabemos, porque un poco me gusta dejarme llevar, sentirme valiente, prefiero perder arriesgándome que perder sin intentarlo. No entiendo esa manía de infantilizar el enamoramiento, como si enamorarse por primera vez fuera distinto a la décima vez, como si fuera algo que solo los adolescentes experimentan, tenemos tan arraigada la idea de que solo existe un solo amor de nuestras vidas, esa idea romántica de que estamos unidos a solo una persona en toda nuestra existencia, que no entendemos cómo el amor llega en distintas formas, en distintas etapas, años, edades, maneras. Puedo amarte mientras amo a muchas personas a la vez, es básicamente lo que venimos haciendo hace miles de años, porque sería un desperdicio elegir limitar tu amor, tu cariño, todo lo que das, pudiendo dárselo a muchas personas. Creo no existe mejor forma de multiplicar el amor ¿no es eso lo que todos deseamos para el mundo, para nosotros y para los que nos rodean? ¿qué sentido tiene acaso amar? Es esa vulnerabilidad en los vínculos, lo que lo hace tan humano, tan imperfecto, el relacionarse es toda una aventura hacia lo desconocido, por más que vengamos haciéndolo desde el día que nacimos, siempre nos encontramos con un gran desafío al momento de crear un vínculo sano con alguien completamente nuevo o en un momento diferente, sabemos entonces que la guerra entre la razón y el sentir se vuelve una tormenta en nuestro ser para decidir qué está bien, qué realmente debemos hacer y qué nos dice nuestro corazón, sin dudas una de las encrucijadas más grandes que afrontamos en el paso del tiempo, quizás todos los días. Un poco nos gusta la adrenalina de saber que nos quieren pero no lo han dicho aún, de saber que los ojos no mienten y algo te muestran, pero mucho no te dejan ver, nos gusta ese baile lento pero fugaz, donde creemos sentir aroma a flores mientras el viento nos acaricia el rostro, que por alguna razón nos hace sentir arropados, queridos, deseados. Un poco nos gusta el amor.

lunes, 20 de enero de 2020

Le escribo a ella

No le quería escribir a más nadie, así que comenzó a escribirle a ella, a pesar de que sus ideas estaban confusas y que hacia mucho tiempo no lo hacía. Comenzó borroneando perdones y olvidos, pasó por dibujar todas las emociones, se encontró con la misma pared de siempre y al final le regaló un adiós. Un adiós acompañado por un bienvenida de nuevo, empecemos de cero. Siempre llegan piedras caídas de cielos invisibles que invitan a quedarse en el suelo un rato, quizás un poco largo, bien agarrada de la piedra que te va a trabar todo lo que venga después. Todo depende de quien te de la mano en ese momento, porque la fuerza sale de ahí, de quien te recarga, de quien te impulsa y de quien es feliz por vos, cuando vos no podes hacerlo. Fue entonces cuando le escribió que ya no quería verla triste, que le gustaría verla libre y contenta, que tiene todas para ganar menos su propia voluntad. Siempre le dijeron todo lo que podía lograr y hasta que no lo tuvo no lo creyó. Siempre le dijeron todo lo que merecía y que todo el amor que daba se le devolvería de la misma forma, pero hasta que no lo tuvo no lo creyó. En los mares que a ella le gustan, bailan olas que traen cambios y aires nuevos, transforman el aroma del que deja y del que llega, barre todo lo que debe hundirse y trae todo lo nuevo. Como quien nace en el agua, está acostumbrada a sus cambios, a su fluidez, a su pureza y cuando navega es lo mínimo que espera, conoce sus trucos, pero aún así, el océano suele sorprenderla. A la noche se esconde bajo su cama, esperando que pasen las horas, buscando una salida a lo que no la deja dormir, hasta que el aire la acurruca y la invita a soñar que simplemente quizás mañana será otro día, donde no hayan pesadillas ni monstruos escondidos, donde el abrazo es cálido y refresca el alma, donde todo el amor que querías te estaba esperando. Solloza y sonríe, por un nuevo amanecer, por las brisas que se acercan, por el beso detrás de la oreja, agradece volver a despertar y brinda por ella misma. Le escribo a ella, que soy yo, quien era antes y seré mañana, que te cuido y te abrazo, te sostengo y te mimo, porque todo lo que somos sigue siendo amor.