jueves, 4 de abril de 2019

La soledad

En noches de antaño la soledad intenta filtrarse en cada avería impune que pueda encontrar, busca un recoveco donde poder esconderse y plantar su semilla de ahogo, hace silencio y sigilosa viaja en raíces de años atrás para dar en el punto exacto de la nostalgia. Para su pesar, se topa con una pared impenetrable donde no hay soledad que entre, una pared alimentada por un amor que supo dar pelea. Derrotar paredes suele conllevar una fuerza que la soledad no tiene, menos cuando son paredes de una casa en armonía, donde la calidez abruma al entrar y solo se sabe abrazar, que sus puertas abren en par buscando más amor, este lugar solo la llena de miedos e inseguridades, pues no conoce tales cosas, ni nunca ha visto nada igual. Pero testaruda y porfiada, ella quiere entrar y hacer lo que mejor le sale, enviciar el aire de añoranza y melancolía, dejar la sensación de que nada crece ni nada sueña, de que el que entra no se quiere quedar ni busca la forma de la felicidad. La soledad se mete bien profundo en cada grieta de la pared para hacerte destruir todo lo que tanto te costó edificar, a menos que tus revoques sean fuertes y determinados, llenos de valentía y corazón, ella encuentra la manera de llegar a vos. Su principal enemigo es el otro, el que llega con la palabra justa y te da la mano, que te tapa los oídos para no escucharla, el que no deja que tus paredes se agrieten y llena tu hogar de cordialidad, ese que te mira a los ojos y sostiene el techo mientras te levantas, ella no sabe luchar contra eso, porque no conoce lo que es, ni nunca ha visto a nadie así, porque nadie la quiere ni nadie la escucha, nadie se acerca o intenta entrar. Todos somos soledad cuando no tenemos con quien ser, cuando no queremos dejarnos querer, cuando no queremos acercarnos ni acercar, todos somos un poco tristes y melancólicos cuando no hay nadie tirando nuestras paredes, cuando no hay nadie para construir, cuando no somos alguien que construye ni que intenta abrazar. Seremos y seguiremos siendo si no queremos al otro de la misma forma en que nos quiere, si no intentamos por el otro lo que quiero que intenten por mí, si no damos lo que queremos recibir. Seguiremos siendo solos y soledades si no doy por el otro el amor que quiero que me den. Por eso te abro la puerta, de mis paredes sin revocar, para que entres y te busques tu lugar, porque lo mío es tuyo y juntos somos más.

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