sábado, 27 de abril de 2019

Cuando te vas

Lloro cuando te vas, anhelo cada segundo cuando te fuiste, espero nostálgica volverte a ver, mi cuerpo sufre tu ausencia. Vivo por tu presencia. Te busco donde sea que estes, aunque no aparezcas, necesito tenerte cerca en la noche para sobrevivir. Me vuelvo loca tratando de tapar mi necesidad, por tu calor, tu cercanía, doy vueltas en la cama esperando encontrarte a mis espaldas. Te veo irte y me apago hasta que volves, todo de mí busca todo de tí. Tu abrazo reinicia. No se me ocurren sinónimos para un simple sentimiento, te extraño al segundo que no estás, me avergüenza esta dependencia incógnita que trato de esconder, pues deja al visto que sin vos me siento nada. Me enoja el vacío que dejas cuando te vas y lo mucho que quiero que vuelvas, principalmente en la noche, mi cama te espera ansiosa.

lunes, 15 de abril de 2019

De mamá aprendí

De mamá aprendí a querer mucho y a intentarlo un montón de veces más. Aprendí a ser fuerte hasta cuando no me sale, a ser fuerte por el otro hasta que pueda ser fuerte solo. A decir te amo. A decir adiós. Aprendí que dice más el que hace y que para hacer hay que levantarse. A escuchar, escucharme, escucharte, confiar, confiarse. De mamá aprendí a agradecer, por lo que tengo hoy y por lo que voy a tener mañana, por lo que tuvo y por lo que me dejó. Aprendí a aprender. A dar abrazos. A mirar a los ojos. De mamá aprendí a ser porfiada, a perseverar para conseguirlo todo. A respirar y volver a empezar. A sanar. Aprendí que todo lo que damos vuelve y lo que no también. De mamá aprendí que mi espejo es el otro, que todo lo que veo en el otro lo veo en mí, que lo que quiero en el otro lo quiero en mí. Aprendí que por algo pasan las cosas y también por algo no pasan, que algunas personas se van y algunas vuelven, que el amor es más importante, el amor por uno y por el otro. De mamá aprendí todo lo que sé, todo lo que me enseñó y todo lo que me dejó la vida. Gracias mamá .

jueves, 4 de abril de 2019

La soledad

En noches de antaño la soledad intenta filtrarse en cada avería impune que pueda encontrar, busca un recoveco donde poder esconderse y plantar su semilla de ahogo, hace silencio y sigilosa viaja en raíces de años atrás para dar en el punto exacto de la nostalgia. Para su pesar, se topa con una pared impenetrable donde no hay soledad que entre, una pared alimentada por un amor que supo dar pelea. Derrotar paredes suele conllevar una fuerza que la soledad no tiene, menos cuando son paredes de una casa en armonía, donde la calidez abruma al entrar y solo se sabe abrazar, que sus puertas abren en par buscando más amor, este lugar solo la llena de miedos e inseguridades, pues no conoce tales cosas, ni nunca ha visto nada igual. Pero testaruda y porfiada, ella quiere entrar y hacer lo que mejor le sale, enviciar el aire de añoranza y melancolía, dejar la sensación de que nada crece ni nada sueña, de que el que entra no se quiere quedar ni busca la forma de la felicidad. La soledad se mete bien profundo en cada grieta de la pared para hacerte destruir todo lo que tanto te costó edificar, a menos que tus revoques sean fuertes y determinados, llenos de valentía y corazón, ella encuentra la manera de llegar a vos. Su principal enemigo es el otro, el que llega con la palabra justa y te da la mano, que te tapa los oídos para no escucharla, el que no deja que tus paredes se agrieten y llena tu hogar de cordialidad, ese que te mira a los ojos y sostiene el techo mientras te levantas, ella no sabe luchar contra eso, porque no conoce lo que es, ni nunca ha visto a nadie así, porque nadie la quiere ni nadie la escucha, nadie se acerca o intenta entrar. Todos somos soledad cuando no tenemos con quien ser, cuando no queremos dejarnos querer, cuando no queremos acercarnos ni acercar, todos somos un poco tristes y melancólicos cuando no hay nadie tirando nuestras paredes, cuando no hay nadie para construir, cuando no somos alguien que construye ni que intenta abrazar. Seremos y seguiremos siendo si no queremos al otro de la misma forma en que nos quiere, si no intentamos por el otro lo que quiero que intenten por mí, si no damos lo que queremos recibir. Seguiremos siendo solos y soledades si no doy por el otro el amor que quiero que me den. Por eso te abro la puerta, de mis paredes sin revocar, para que entres y te busques tu lugar, porque lo mío es tuyo y juntos somos más.