Tantas personas a nuestro alrededor, tantas
almas que nos rodean. Personas que se toman el tiempo de hacernos sentir, de
darnos amor, de darnos un pedacito de ellas. Cada uno se toma el tiempo de ser
como quiere ser, pero pocos se toman el tiempo de saber adaptarse al entorno,
es una forma de supervivencia, darnos cuenta que el otro merece respeto y
tolerancia de nuestra parte, todo el tiempo. Hasta aquel que hiere y es dañino
con el otro merece un mísero respeto. Cada
acto recíproco entre personas debe ser un acto ameno y responsable. Por
ejemplo, cuando alguien nos permite tener su amistad, hay muchas
responsabilidades en el acto, y uno como amigo tiene que dar ciertas cosas a
cambio, tal como tiene que recibir otras. Es un acto recíproco. Es amor. A veces
creo que algunas personas no tienen bien definido qué es el amor. A mí me
resulta bastante difícil describirlo, pero lo tengo bien claro, el amor es un
conjunto de responsabilidades y emociones, porque uno no puede simplemente
amar, es algo muy amplio y complicado, debe dominarse y tomarse en serio, no se
puede amar a la ligera, eso podría ser letal. Cuando uno ama realmente tiene
que darle al otro lo mismo que se le da a uno mismo, respeto, tolerancia,
admiración, cariño, entre otras cosas. Será falso aquel supuesto amor cuando se
falta el respeto, se miente, se daña, se humilla, se ignora y se olvida. Será
falso aquel supuesto amor que uno no demuestra, que existe de la boca para
afuera y no existe en actos de cariño, porque hasta un simple abrazo demuestra
más que mil palabras. Dejemos de inventar amor donde no lo hay, dejemos de
mentirnos a la cara diciendo “te amo”, dejemos de creer que todos tienen la
obligación de amarnos. Amar es algo muy fuerte que se tiene que dejar de tomar
a la ligera, y espero que se note que no estoy hablando simplemente del amor de
pareja, ese amor ya está dañado y difamado. Hoy quiero hablar más que nada del
amor en general, ese que se le da a un amigo, a un hijo, a un padre. Ese amor
que debería ser tan real y puro, pero que estamos dándole tan poca importancia.
Ahora cualquiera te engaña, te miente, te lastima, no importa si alguna vez te
amo, no importa si alguna vez fuiste importante para esa persona. Estamos
siendo tan egoístas que nos centramos y nos cerramos en nosotros mismos y en
nadie más. Nos comimos el cuento de que todo “nos chupe un huevo”, lo tomamos
muy en serio, pero tiene que dejar de ser así, porque no estamos solos en el
mundo, somos seres sociales que necesitan y deben socializar e interactuar con
otros, es imposible dejar de vincularse con otras personas, entonces dejemos de
tratar al otro como si fuera un competidor, un enemigo, alguien que no nos
importa. Yo creo que se podía disfrutar más la vida si simplemente tratáramos
al otro como queremos que nos traten a nosotros, si de todas formas, somos
espejos, el otro siempre va a repetir la conducta ajena, nosotros siempre vamos
a responder de la forma que nos trate el otro. Dejemos de fingir que somos
personas fuertes e independientes, cuando por las noches, solos en nuestros
cuartamos, quizás muy en el fondo o quizás con mucha fuerza, deseamos la
compañía de otras personas, siempre. Así que dejemos de ser infelices haciendo
infeliz al otro, dejemos de mentir, de engañar, de lastimar, dejemos de decir
amar algo que no amamos, seamos sinceros, con el otro y con uno mismo, seamos
felices haciendo feliz al otro, que esa seguro es la manera más amena de ser
feliz, seamos reales y puros, seamos personas agradables, que al otro le haga
bien estar acompañado por nosotros. Comencemos a hacer las cosas bien, hoy.