martes, 18 de abril de 2023

Romántica empedernida

A las románticas empedernidas nos vuelve loca la idea del príncipe azul que llegue a nuestras vidas para transformarla en un cuento de hadas, un poco porque desde que nacimos nos formatean para creer en el amor romántico, criadas a base de Floricienta y toda la perorata de Disney, lejanas a los cortejos de nuestros padres o abuelos, supuestas cartas escritas a mano, ramos de rosas y serenatas. El objetivo es que el príncipe llegue de una vez y transforme los días en bellas tardes junto al atardecer con tu compañero de vida, que desaparezca todas las penas, todos los problemas y la vida sea de repente bella y calma, llena de amor. Ese es el cuento de hadas, ese es el relato que imaginamos todos los días antes de dormir. La idealización es mi peor enemiga, ya lo he tratado en terapia, ha arruinado mis relaciones pasadas, las presentes y seguirá arruinando mi futuro, porque vivo en una novela imaginaria, en una eterna romcom que me tiene de protagonista. El susodicho deberá cumplir una infinitud de expectativas e ilusiones mías que lo volverá loco, no va a poder. Pero aún así una entre tanto desnivel de emociones en este mundo, se refugia en la ilusión, en la utopía, porque ¿mira si no es tan loco lo que se imagina? Una se revuelve en la idea de que quizás, solo quizás existe alguna posibilidad de lo que está por ahí en nuestra cabeza se pueda materializar y transformarse en realidad. Porque las románticas empedernidas somos fanáticas del amor, de dormir abrazadas, de los planes acompañada, de cocinar para otro, de las palabras dulces, de los ojos enamorados que miran con amor bien profundo hasta hacerte sonreír. Un poco si lo digo así te dan ganas ¿o no? Porque todos en el fondo o muy en la superficie somos románticos empedernidos, todos conocemos esa sensación en el corazoncito y nos encanta. Después aprendemos que el amor es algo que te acompaña, no que te completa, que podes quererlo, pero no lo necesitas, que es parte del camino, no es la meta, y que un poco el cuentito de hadas se trata de otra cosa. Eso una lo aprende, lo entiende, lo sabe racionalizar, pero le cuesta llevar a la práctica, hay que ser honestas, está en las canciones de amor, en las películas románticas, en esas parejitas que vemos en las redes haciendo videitos amorosos, te pica el bichito, está ahí y una, que le encanta, se muere de ganas. A medida que crecemos, aprendemos a querer, a vincularnos de manera más sana, a valorar nuestros momentos de soledad, a encontrar lo que nos gusta de nosotros, lo que nos gusta hacer sin necesidad de un otro, a darle otro valor a los amigos, las amigas, y también aprendemos a cuidar nuestro corazón, que para las románticas empedernidas, es un gran desafío. Entonces te das cuenta ese amor que tanto nos gusta, puede ser solo tuyo también.