viernes, 3 de junio de 2022

Esperanza

 La esperanza como título efímero de lo inalcanzable, como un fresco estimo de lo que puede llegar a ser, una caricia al yo del futuro que sin negarlo sabe lo que vendrá pero ignora lo que existe hoy. Aunque palpite en nuestra rutina diaria aquello que vemos venir, nos sopla por la espalda eso que dejamos ir, por más que logremos inundar las salas de humo para despistar a los infelices, nos vemos de frente con un roto sello de lo que quisimos olvidar. No somos más que frases en el aire dichas alguna vez por quién sabe mentir, por quién le gusta jugar con palabras bonitas y armas letales detrás de la lengua. Esos sueños que nos persiguen, de lejos pero cerca, metiéndose en nuestros sueños de vez en cuando, dejándonos el sabor en la boca, a querer, a intentar, a volver. Todo lo que somos mezclándose con lo que queremos ser, dándole la espalda a lo que alguna vez fuimos. Lo que llega a nuestra puerta sin quererlo pero sin poder evitarlo, teniendo que invitarlo a pasar y hacerlo amigo con nuestras espejos, dejándolo sentarse en nuestras sillas y comer de nuestra comida, para luego olvidar que no es parte de nosotros y que nadie lo invitó. Se encuentran juntos, en un nuevo desliz, aquello que nos atormenta en las noches con lo que nos alimenta de día, es allí donde nuestros pensamientos comienzan a retroceder, al comienzo, al final. Todo lo que nos atraviesa en la búsqueda incesable de lo nuevo, de lo creativo, de lo inimaginable, es parte de lo que no nos pasa, no nos mueve, no nos toca, es parte de grandes luchas contra lo repetido, lo cotidiano, lo visible. Así pasaremos vidas enteras detrás de lo que viene ignorando lo que es hoy, detrás del para qué y nunca en el cómo, sintiéndonos ajenos del cuerpo que habitamos hoy esperando que nos guste el de mañana, viviendo en un espacio tiempo que no nos pertenece ni sabemos que existe. Todo para volver a empezar.