domingo, 15 de marzo de 2020

El tiempo

Quizás nuestro problema con la temporalidad es esa antigua creencia de que la vida es eterna, que los procesos son largos y que para todos dura lo mismo, que nuestro sentir es proporcional al tiempo y que con él crece, cuando lo que crece es la rutina y la confirmación de que eso que sentimos no es efímero. Tomamos con pinzas aquello que surge de la nada y confiamos plenamente en algo que lleva tiempo gestándose, ¿quién nos asegura que algo es seguro solo porque prevalece en el tiempo? Le tememos a la espontaneidad porque nos asusta tirarnos al agua sin previa evaluación de su estado, de su seguridad y profundidad. Cuántos matrimonios de años y años han terminado evaporándose, cuántas carreras se terminan antes y cuántas vidas comienzan luego de mucho tiempo. Somos estrellas fugaces en un línea temporal que no se sabe dónde comienza ni dónde llegar a terminar, aún así nos creemos con la potestad de tomarnos las cosas con calma y decir que hay tiempos para cada cosa, qué es el tiempo más que una creación nuestra para posponer cosas, para posponer la vida misma, por qué castigamos al espontaneo, al impulsivo, al ansioso, cuando lo único que quiere es vivir el hoy, vivir lo que quiere y cuando uno mismo lo quiere. El sistema nos impuso lapsus de tiempo para todo, para comer, para dormir, para ir a trabajar, para crecer en una empresa, para elegir una carrera, para terminarla, para comenzar a ser un adulto, para independizarte, para enamorarte, para ser pareja, para casarte, para tener hijos, para no tenerlos. Quizás nuestro problema es que no existe tal problema, que los procesos son distintos para cada uno, que no debo esperar para hacer lo que quiero, más allá del sistema burocrático que limita nuestra rutina, aquello que no lo toca, como el amor y nuestra felicidad, es mucho más que segundos, minutos u horas, es mucho más que cuántos días o cuántos meses, es tan simple como el ahora, como lo que existe y lo que siento en este momento. Tanto nos cuesta separarnos de las ataduras del tiempo que no podemos separarnos del pasado ni soltar nuestras expectativas del futuro, se nos dificulta desligarnos de que todo tiene su tiempo y que así debe seguirse. Hoy quiero ser hoy, en este momento, sin lo que debo ser o lo que debo hacer, solo quiero ser.