martes, 3 de octubre de 2017

Belleza propia

En los ojos del más amado, la nueva inocencia, pura y pulcra, se encuentra el verdadero secreto de la belleza propia. En aquel que valora su brillo, su verdad, su soñar, las estrellas que lo quieren imitar, está ahí y a veces no se ve. Simplemente hay que dejar de ver y empezar a mirar, darse cuenta que el mundo es en si lo mismo que el tiempo, infinito pero limitado, siempre buscando el apocalipsis tan deseado, aún así darle la mano al destino, confiar en que lo que es será y nunca menos de lo que debe ser. Confiar, algo que nos cuesta más desdicha que fortuna, si solo pudieras volver a confiar, en vos y solo en vos, que sos el fantasma de tus propias pesadillas y el héroe de tus más grandes sueños. Atreverse a saltar creyendo plenamente en ese paracaídas interno que impide estrellarse, creer en saber pisar al caer, al llegar a tierra y confiar en lo fuerte que pueden llegar a ser nuestras huellas. Éstas van formando un camino, imperceptible a los ojos mundanos, que sin duda irradia luz espacial, de una galaxia que nadie conoce, una sensación parecida a refugiarse en un abrazo demasiado fuerte para respirar. Encontrar en uno mismo todo aquello que pretende buscar en el otro nos separa de todo dolor y ausencia, llena cada pedacito de corazón vacío, de besos sin dar y de te quieros sin decir. Saber que sos belleza, galaxia, huellas, camino, héroe, fantasma, sueños, pesadillas, mundo, apocalipsis, fortuna, estrellas, tiempo, desdicha, infinito, abrazo, pero principalmente, amado.